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Por Yelaine Martínez Herrera (Estudiante de Periodismo)

Con una mezcla de dolor y alegría despedimos ayer en Las Tunas, la XXI Feria Internacional del Libro y la Lectura, que esta vez se desarrolló desde el 29 de febrero hasta el 4 de marzo, dedicada a Zoila Lapique (Premio Nacional de Ciencias Sociales 2002 y de Investigación Cultural 2010) y Ambrosio Fornet (Premio Nacional de Edición 2000 y de Literatura 2009).
Atractivas propuestas llamaron la atención de los lectores. Rosarito es mi novia, del escritor tunero Antonio Gutiérrez Rodríguez, voló entre las manos de los niños. Andar por la cultura, de Lourdes Jacobo y Las Tunas, tradición, cultura e identidad, de Víctor Marrero (Historiador de la ciudad) nos remiten a las esencias idiosincrásicas del territorio.
Pero para el lector, ávido consumidor del arte y el conocimiento que dan los libros, las publicaciones nunca resultan suficientes. Las hijas de Sade, esperada novela escrita a manos por el desaparecido Guillermo Vidal y la puertopadrense María Liliana Celorrio, no llegaron a tiempo para el certamen. Nos quedamos con ganas de saborear también títulos como Los viajes de Miguel Luna, de Abel Prieto y los utilísimos diccionarios, pues sacaron muy pocos ejemplares.
La feria, sin embargo, no se dejó amilanar por las vicisitudes. Espacios como Flores del Alma, Sanlope cabalga, exposiciones de libros, conciertos y lecturas de obras por toda la ciudad, llenaron estos días de exquisita satisfacción.
Contamos con la presencia de destacados artistas como el tunero Pablo Armando Fernández, el santiaguero William Vivanco y el guantamero Orlando Piedra con su proyecto Sábanas blancas, que engalanó la Plaza Cultural de la provincia con la obra de pintores y caricaturistas de todo el país. Esta novedad se prestigió con la participación de talentos locales como los caricaturistas Antonio Medina (Antoms), María Sao (María de Antoms), Rafaelle Testagrossa (italiano-tunero) y Arístides Marcial Flores (Flores).
Así, con el sabor de las letras entre las manos, nos despedimos de esta feria, esperando que regrese pronto y con más calidad al Balcón del Oriente Cubano.
Foto: Alain Gutierréz (Tomada de La Jiribilla)

Por Yelaine Martínez Herrera (Estudiante de Periodismo)
La amiga Marta Rosa nos cuenta la historia en que el protagonista recorre todas las esquinas de la ciudad atesorando versos, palabras nunca dichas, secretos insospechados… y los coloca luego en su “guarida”, corriendo el riesgo de ser tildado de “loco” cuando no era más que un poeta.
Mientras tanto, como si los conociera de alguna parte ajena a la voluntad de la vida y la muerte (porque la literatura todo lo puede) revivo a fantasmas queridísimos como Guillermo Vidal, Ondina Gamboa, Ramiro Duarte… y me someto a la hipertextualidad del presente como quien tiene entre las manos un corcel hecho pluma y no sabe qué rumbo darle.
Entonces descubro en un rincón a un hombre, distante de la gente y las simulaciones, aguardando el momento preciso para tocar con golpe de magia el corazón de otro. Ese hombre —que no es muy dado a adular, pero le preocupa con creces la felicidad del prójimo— coge una guitarra y nos hace olvidar por instantes el suelo que pisamos. Entiende que el arte nos convierte en cómplices, entretenidos, sensibles y huracanados, porque de eso se trata el proceso de creación.
No recuerda si primero incursionó en la poesía o en la trova; en sus manos ambas profesiones aparecen unidas. Testigo de ello son temas como: Pedradas al espejo, Pared adentro, La última primavera, Qué falta le hace, El predicador, Cuarto corazón, Carmen, Atando cabos, Al borde de mi cara y Leve resplandor.
Antes se levantaba de noche por cualquier frase, ahora solo cuando las canciones bajan completas porque se ha dado cuenta de que las que nacen “de un tirón” son las que más le gustan a la gente. Aunque tal vez lo tilden de “despreocupado”, no presta demasiada atención a lo que hace; es un acto que surge por el solo hecho de hacerlo. Solo sabe que es un hombre sobre la tierra fugaz/ y su guitarra un camino/ por donde la tierra va.
Quizás porque la modestia es un rarísimo valor o porque no cree en dogmas ni en triunfalismos, escapa a comentar la época en que trabajó como Especialista en Literatura en la Casa de la Cultura Tomasa Varona, su participación en encuentros nacionales como “A guitarra limpia” —desarrollado en el 2007 en la sede del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau de la capital cubana— o cuando ilumina los acordes de noveles músicos, integrantes hoy de agrupaciones como Querella o Reverso, donde el sello de un padre-amigo empieza a dar frutos. Apuesto les enseñó que el público es quien distingue lo que eres porque ni él ni Norge Batista se propusieron ser trovadores hasta que alguien les dijo: “Papa, tú eres trovador.”
Prefiero verlo allí, meditabundo; con su camisa y sus sandalias; recordando los primeros pasos en el arte; camino a un bar improvisado, rodeado de personas “no cuerdas”, pero inmensamente felices; saboreando la dicha de estar sin dinero, pero con el alma eferveciente de poesía.
En este momento, que tomo las riendas de la inspiración, les explico el “por qué” y el “quién” de estas palabras: están hechas para un hombre que se parece más a su sombra que a su expediente. Freddy Laffita — natal de Baracoa, pero por suerte tunero— ahora es verdad que no hallo ni dos palabras para inmunizarme de tus canciones.
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